EL MILENIO


EL MILENIO
El milenio es un término utilizado para representar un periodo de mil años sobre la tierra (Apocalipsis 20:1-3), en donde la paz y la justicia prevalecerán por largo tiempo. En el Antiguo Testamento hay muchos pasajes que hablan de aquel momento histórico aún sin ocurrir en esta tierra, periodo que queda plasmado en las palabras del profeta Isaías que dice: “La tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:9; véase también Isaías 2:1-5; 11:6-16; 60:1-18; 65:18-25; etc.). El Nuevo Testamento también deja entrever este grandioso periodo con las palabras de Cristo mismo: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo…” (Mateo 24:14). La duración de este periodo nos la da el apóstol Juan en el Apocalipsis:
“Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo” (20:1-3).
Este pasaje ilustra el atamiento o encarcelamiento sobrenatural de Satanás por Dios hasta que se cumplan los mil años, es decir, un milenio. Por lo tanto, el evento que da comienzo a esta era llamada “milenio” es el atamiento de Satanás en el abismo. Es de entenderse que Satanás es un espíritu y que cualquier medio que se utilice para atarlo o encarcelarlo será imperceptible al ojo humano.
Los pasajes mileniales mencionados arriba dan a entender cambios en el medio ambiente, como por ejemplo: “El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová” (Isaías 65:25). Podemos interpretar estos pasajes figurativamente y decir que ellos ilustran la paz, la armonía y la felicidad que la sociedad disfrutará en aquel periodo, o bien, entenderlos literalmente tal como se expresan. Cualquiera sea el caso, los pasajes, en general, dan a entender cambios para mejor. “No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años…” (Isaías 65:20). Esto pareciera claramente dar a entender que la mortalidad infantil será erradicada y que habrá un leve aumento en la longevidad de las personas.
A medida que estudiamos el libro de Isaías encontraremos muchos pasajes que revelan cambios ambientales grandes en la tierra: “…porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de aguas; en la morada de chacales, en su guarida, será lugar de cañas y juncos” (Isaías 35:6,7). Nunca en la historia de la humanidad se han observados cambios ambientales de esta naturaleza en la superficie terrestre, por lo
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tanto, es de esperar que en un momento específico, en esta tierra, ocurran estas cosas; el milenio será el momento. Algunos creyentes ven como utópico que estas cosas ocurran en esta tierra presente, y trasladan el cumplimiento de todos estos pasajes mileniales a los cielos y la tierra nueva de Apocalipsis 21 y 22. “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron…” (Apocalipsis 21:1); pero con ello surge un error. Satanás será encerrado al comienzo del milenio, pero después será suelto al final de este periodo “…por un poco de tiempo” (Apocalipsis 20:3). Es decir, si estos eventos pueden solamente ser cumplidos en los cielos y tierra nueva, entonces tenemos a Satanás nuevamente en acción reuniendo ejércitos para desafiar a Dios, sitiando la Jerusalén celestial (Apocalipsis 20:7-9) al final de este periodo, en el mismísimo cielo donde Dios mora con el hombre (Apocalipsis 21:3). Esto es absolutamente inviable, puesto que la Biblia es enfática en establecer que en el cielo nuevo y tierra nueva “no entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira…” (Apocalipsis 21:27), allí “no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor” (Apocalipsis 21:4), en este lugar “no habrá más maldición” (Apocalipsis 22:3). Entonces es claro que Satanás no podrá tener acceso a la nueva Jerusalén. Satanás ya ha sido juzgado (Juan 16:11), y es reo de castigo eterno en un lago de fuego y azufre que arde por los siglos de los siglos. El diablo sólo será un mal recuerdo, si es que recuerdo del todo en este lugar: “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento” (Isaías 65:17). En el milenio va a haber muerte (véase Isaías 65:20) y bastante de ella al final de él (Apocalipsis 20:9). Por lo tanto, estas verdades confinan el milenio a esta tierra presente, y si algunos no pueden ubicar un periodo aquí en la tierra en donde estos pasajes puedan tener su cumplimiento, entonces van a tener una inmensa laguna en su teología.
Héctor Hernández Osses
Pastor Bautista
Temuco – Chile
hectorihernandez@hotmail.com

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