LIBRE ALBEDRIO


LIBRE ALBEDRIO

Una vez creado el hombre, Dios proveyó todo lo que era necesario para su subsistencia, y le dio un hermoso lugar donde vivir llamado Edén. „Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Con estas palabras Dios demuestra su completa satisfacción por la perfecta obra que sus manos habían creado. Todo estaba en perfecta armonía y comunión entre el Creador y la criatura. Ellos habitaban en un medio-ambiente perfecto de una belleza prístina. Dios les había dado autoridad sobre todas las cosas para que se enseñorearan de ellas, pero les puso una sola prohibición: „De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16,17).
¡He aquí la pregunta de los siglos! „¿Para qué le puso Dios a Adán y Eva un árbol en medio del huerto si no quería que comieran de su fruto?” ¿Qué propósito había con esta prohibición? Por medio de esta simple restricción, el Señor iba a testear la disposición del hombre para subordinarse a El, al mismo tiempo que confería al hombre la dignidad de la elección. Dios le otorgaba a la criatura la dignidad de ser un agente moral libre con la capacidad de elegir, para bien o para mal, pero ella prefirió unirse a Satanás en una necia rebelión contra Dios. Errada elección con un alto costo a pagar, tanto para el hombre como para Dios. Para el hombre, porque fue expulsado del paraiso para ganarse el pan con el sudor de su frente, y para Dios, porque en la batalla contra el mal tuvo que entregar su amado Hijo para morir humillantemente en una cruz en expiación por el pecado. ¿Quién hubiera podido imaginarse que una simple fruta, entre otras tantas más, sondeara y revelara nuestra desobediente, rebelde, y pecaminosa actitud para con un Dios que quería lo mejor para nosotros? Bien dijo el sabio Salomón: „Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones” (Eclesiastés 7:29). Era muy sencillo para Dios crear seres inmunes al pecado e invulnerables a caer, pero El nos dignificó con la capacidad de elegir y escoger la justicia para vivir eternamente en su presencia, pero optamos por la desobediencia que nos llevó a la perdición; no obstante, Dios nos da una nueva oportunidad de elegir, un nuevo comienzo para hacer las cosas bien, con un nuevo Adán, quien es Cristo (Romanos 5:17-19). Por lo tanto, debemos ir a este nuevo Adán para recobrar el paraiso perdido, no podemos desaprovechar esta salvación tan grande que el Señor nos ofrece por última vez: „¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? (Hebreos 2:3).

Héctor Hernández Osses
Pastor Bautista
Temuco – Chile
hectorihernandez@hotmail.com

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